miércoles, 22 de octubre de 2008

"En el colectivo"


Al convertirme en estudiante universitaria mi vida cambió notablemente, porque me mude, aunque parcialmente, a Rosario. Mis días durante los primeros años eran bastante monótonos, iba del departamento a la facu, y viceversa. Casi siempre en colectivo, y sólo los días que tenía ganas, el viaje lo hacia caminando.
Si bien los viajes en colectivo eran cortos, realmente eran muy divertidos, sobretodo porque el 144 rojo siempre está repleto de estudiantes. Al subir al colectivo uno tiene la sensación de entrar en otro mundo. Siempre está el que lo usa de cama, porque sigue durmiendo, el que se hace el “boludo” para no ceder el asiento, y el infaltable malhumorado.
Así fue cuando la semana pasada al subirme al colectivo, tras esperar mas de 20 minutos, ocurrió lo esperado. Subió una pareja, bastante despareja, de unos 30 años o menos aproximadamente. Parecía “gente de bien”, pero claro uno siempre deja ver su lado malo en el lugar y momento equivocado.
El 144 venía repleto de gente, se detiene en la esquina de Pellegrini y San Martín, sube primero la chica y luego el que se supone que era su novio, él se dispone a insertar las monedas para obtener los dos boletos correspondientes. Primero pone tres monedas de un peso y luego los 50 centavos restantes en monedas de 10. Pero como ocurre habitualmente, las de 10 no pasan y se las devolvió. El muchacho insistió e insistió, y claro… le dio un solo boleto porque el resto se lo comió. ¡Para qué!!! Eso terminó con su paciencia, y qué pasó, la terminó ligando el chofer, como si fuera el responsable de que la máquina le largara un solo boleto.
- ¿Por qué me larga uno solo si yo puse tres pesos?, se dirige al colectivero.
- Es que al tardar en poner las monedas que te faltan te las comió.
- ¡Y yo qué culpa tengo!!!
Intentando viajar sin los dos boletos, y ante la no respuesta del chofer, se ofendió, y en la esquina siguiente se bajó, pero no sin antes mandarlo a… pasear y le dejó saludos a la mamá del conductor.
La novia del muchacho, sin saber bien qué hacer y rogando que la tierra y dios se apiadaran de ella, bajó también tras su novio que la había dejado.
Ahora yo les pregunto:

¿Por qué se enojó el chico de tal modo ante el inconveniente?

6 comentarios:

vanemaz dijo...

porque todos estamos malhumorados por algo y nos la agarramos con el primero que se cruza... y el calor lo acrecienta!!!

no se justifica esta actitud, pero es cierto q estas maquinitas benditas son medias reacias con las monedas pequeñas, y grandes tambien...

vanemaz dijo...

ese el comentario ahora, ojo con la repeticion en los primeros parrafos de la palabra "colectivo", se valiente y pone a donde lo mando, es una caracterisitca de la cronica (el leguaje), y acordate de los hipervinculos... de otra cosa despues te aviso cualq cosa... hacemos la gran "El AurA" jeje

beso :)

María Eugenia Del Zotto dijo...

Es raro que el chofer no les haya dicho "suban igual", como suele pasar cuando hay incovenientes con la máquina de monedas...de hecho a mí me ha pasado...
¿Es la crónica para Periodismo y Literatura? Te recomiendo que en ese caso le dés más introduccíón, detalles y longitud.

:D

Besotes!!!!

vanemaz dijo...

maru a tenido "la suerte" de que los ultimos 1,75 q tenia en su billetera, le quedaran producto de viajar gratis... ya q la maquina no funcionaba... jeje

María Eugenia Del Zotto dijo...

Noe mil disculpas...Vane me contó que hacés tb crónica digital, que es más corta que las que hace Meneses en el libro "Equipaje de Mano"...de esas me tengo que guiar yo jeje.

Besi! :)

María Eugenia Del Zotto dijo...

Fue el día en que todo salió tipo "happy end" de película...el día en Hitchcock y Truffaut se vinieron a vivir conmigo a mi pieza jajaja...